sábado, 22 de mayo de 2021

Luz


No nos llamas

a iluminar las sombras

con frágiles velas

protegidas de los vientos

con la palma de la mano,

ni a ser puros espejos

que reflejan luces ajenas,

cotizadas estrellas

dependientes de otros soles,

que como amos de la noche

hacen brillar las superficies

con reflejos pasajeros

a su antojo.


Tú nos ofreces

ser luz desde dentro, (Mt 5, 14)

cuerpos encendidos

con tu fuego inextinguible

en la médula del hueso, (Jr 20, 9)

zarzas ardientes

en las soledades del desierto

que buscan el futuro, (Ex 3,2)

rescoldo de hogar

que congrega a los amigos

compartiendo pan y peces, (Jn 21, 9)

o relámpago profético

que raje la noche

tan dueña de la muerte.


Tú nos ofreces

ser luz del pueblo, (Is 42, 6)

hogueras de Pentecostés

en la persistente combustión

de nuestros días

encendidos por tu Espíritu,

ser lumbre en ti,

que eres la luz,

fundido inseparablemente

nuestro fuego con tu fuego...


(Benjamn G. Buelta, sj)

sábado, 19 de diciembre de 2020

Niña del sí (fragmentos)



Todo estaba pendiente de tu boca.

Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso…
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor…
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
[…]
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria…
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos…!
[…]
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.












(Pedro Casaldáliga)

sábado, 30 de mayo de 2020

Ven espíritu Santo Creador



Ven Espíritu Santo Creador,
Ahora, hoy.
Quédate con nosotros, danos tu inteligencia
y llena de bondad nuestros corazones.
Tu nombre es: consuelo, inspiración, vida, gracia.
Tú eres novedad, creación, fuerza.
Ven espíritu Santo, para que tu Luz
ilumine nuestro discurrir
y fortalezca nuestras decisiones.
Eres el que ha hecho todas las cosas buenas,
–el que preside nuestro discernimiento
y señala el camino de nuestras opciones–
Tu nombre es unidad, esperanza y amor.
Aléjanos del mal, del egoísmo, de la injusticia,
de la intolerancia y de la dispersión.
Danos tu paz, tu bendición, tu consuelo,
tu serenidad y tu sabiduría;
para que transformemos nuestro presente,
en la voluntad del Padre que está en los cielos.

(Pedro Casaldáliga)

domingo, 12 de abril de 2020

Ojos de Pascua

Está amaneciendo cuando María Magdalena llega al sepulcro donde reposaba el cuerpo del maestro, del amigo.
Reposaba en su corazón el cuerpo amado, como semilla viva de resurrección.
Sepulcro abierto al amanecer. Sepulcro vacío.
Amanece esta Pascua 2020, amanece sobre nuestra historia personal y sobre la humanidad herida.
Se lame las heridas esta humanidad, no solo aquellas dejadas por el virus, también las heridas que siguen supurando: violencia, guerras, pobreza, odio, fanatismo, discriminación.
Amanece la Pascua sobre estas heridas y desde estas heridas.
Amanece y el sepulcro está vacío.
Nunca hubo nadie en el sepulcro y siempre estuvo abierto.
El cuerpo del Cristo, semilla de resurrección, fecundó la tierra con la sangre de la cruz y de nuestras heridas.
La Pascua aconteció desde dentro de la cruz, no después.
Nunca hay un después para el Amor. Siempre es, aquí y ahora.
Amanece la Pascua desde el otro lado de la cruz.
Nuestras heridas no son impedimento a la Vida: ¡al contrario!
Son el vacío por el cual la Pascua se cuela y los sepulcros se abren. Son rendijas por donde la luz fluye serena y siembra resurrección.
Es Pascua, y el Amor amanece sobre nuestras existencias personales, sobre la humanidad entera y la madre tierra.
Siempre el Amor está amaneciendo y siempre encuentra los sepulcros abiertos.
Si encontramos sepulcros cerrados es porque no estamos amando y hemos arrinconado al Amor en un lugar oscuro de nuestro corazón.
La Pascua es tremendamente viva y actual con su único y eterno mensaje: solo el Amor es real.
Es ahora el momento oportuno y siempre fue ahora.
Es el momento de amanecer sobre la humanidad herida con la linterna del Amor y mirar así.
Pascua es mirar con los ojos amanecidos del Amor.
Ojos frescos y nuevos.
Tú que me lees: ¡mírate así y así, ama tus heridas y las de tus hermanos!
Mirar a la gente y a las cosas con estos ojos.
No tenemos que esperar un mundo nuevo, ilusión de los ciegos que se escapan del presente y huyen de la Vida.
¡No hay esperanza futura que no tenga raíz en el presente!
El mundo nuevo ya está y late en el fondo de tu mirada que amanece en el Amor.
Palpita el mundo nuevo en las profundidades, donde solo ojos de Pascua alcanzan a ver.
Amanecen ojos de Pascua que transforman las heridas en perlas y la sangre en fértil abono, a punto de florecer.
Esta es Pascua: otros ojos que solo ven sepulcros abiertos y manos extendidas.
Otros ojos que descubren posibilidades y senderos de bellezas.
Ojos amaneciendo en el Amor, ojos del Cristo vivo y viviente, que todo lo llena.
Ojos desparramando por doquier la paz que nos habita.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

fuente: Eclesalia

viernes, 10 de abril de 2020

Silencio


Silencio.
Hoy hacemos silencio.
Todo el día para estar en silencio.
Silencio.
Después del dolor.
No queda más que el silencio.
Silencio.
Por quien se fue.
Nada hay que llene su silencio.
Silencio.
Poco más sé hacer.
Solo puedo esperar en silencio.
Silencio.
Sentir la esperanza.
Esperar a que pase el silencio.
Silencio.
Está por pasar.
Que la Pascua dé sentido al silencio.

jueves, 9 de abril de 2020

Servidor de todos

Se te ha dicho:
Rodéate de triunfadores.
Para que tu vida sea un éxito,
sírvete de todos.
Retén en tu memoria
el nombre del rico,
y apunta el teléfono
del rostro femenino
que sonríe en el concurso.
Tapiza las paredes de tu casa
con firmas de pintores
de prestigio y de dinero.
Llena tu boca
con los nombres
que ocupan el escenario
de la gloria resbaladiza.
Hazte vecino, compadre
de su club y su partido.
Que todas estas famas
te presten su prestigio.

Pero la Palabra dice:
Sienta a tu mesa
a los que no pueden
invitarte a su casa,
arrastrada por el río,
y presta sin arrugar la cara
al que no puede devolverte
tu dinero el día de pago,
porque las horas extra
se perdieron en la computadora
de la zona franca.
Habrán encontrado en ti
la respuesta de Dios
a su angustia cotidiana.
Y tú sentirás atravesar
algo de Dios pasando
por el centro de ti mismo
para llegar hasta el hermano.
Al romper, con ese gesto
de gratuita cercanía,
las leyes y cátedras
de la inversión
bien calculada,
un manantial de eternidad
te llegará desde el caído,
brotará entre tus piedras
y hará de ti un servidor de todos,
lleno de gracia y de sabor.

(Benjamín G. Buelta, sj)

domingo, 29 de septiembre de 2019

Los Lázaros

Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...

Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos...

Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.

Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.