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sábado, 19 de diciembre de 2020

Niña del sí (fragmentos)



Todo estaba pendiente de tu boca.

Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso…
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor…
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
[…]
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria…
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos…!
[…]
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.












(Pedro Casaldáliga)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Yo le dije que si

Para no ser sólo Dios,
el Verbo quiso de mí
la carne que hace al Hombre.
Y yo le dije que sí,
para no ser sólo niña.

Para no ser sólo vida,
el Verbo quiso de mí
la carne que me hace a la Muerte.
Y yo le dije que sí
para no ser sólo madre.

Y para ser Vida Eterna
el Verbo quiso de mí
la carne que resucita.
Y yo le dije que sí
para no ser sólo tiempo.

(Pedro Casaldáliga)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Estas en mi vida

Estás mientras velo
y mientras sueño.
El Amor no reconoce
simples fronteras de tiempo.

Eres mi atmósfera diaria,
aunque en otras cosas pienso.
Cuando soy consciente,
vibro de en Ti descubrirme inmerso.

Eres más mi corazón
que el que me late en el pecho.
Entre la vida y la muerte,
tuyo me quisiste eterno.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Ya Señor, para cuando esperas

¡Ya Señor!
¿Para cuando esperas?
¡Ahora!

¡Ven pronto!
Ven que el mundo gira a ciegas
Ignorando el Amor que lo sustenta

¡Ven pronto, Ven Señor!
Que hoy entre hermanos se tienden trampas y se esconden lazos
Ven que la libertad esta entre rejas del miedo que unos a otros se profesan
¡Ven, ven! no dejes ahora de escucharnos, cuando tanto camino esta cerrado

¡Ya Señor!
¿Para cuando esperas?
¡Ahora!

¿No has de ser la alegria de los pobres?
¿De los que en Ti su confianza ponen?
¿No has de ser para el triste y afligido consuelo en su pesar, luz en su grito?

¿Quién pondrá paz en nuestros corazones si tu ternura y compasión se esconden?
¿Quién colmara esta hambre de infinito si al colmarlo no vienes por Ti mismo?

¡Ya Señor!
¿Para cuando esperas?
¡Ahora!


martes, 20 de diciembre de 2011

Dicen que vienes...



Dicen que vienes y siempre es tiempo,
pues te esperamos.
En la tierra sedienta de milagros.
En la duda que nos muerde.
En el sollozo ajeno.
Que estremece e inquieta.

Te esperamos en el fracaso.
Que nos derriba.
Y en el triunfo que nos vuelva islas distantes.
En el perdón que se nos escapa.
En la calma que no alcanzamos, te acercas.
En el vendaval que a veces nos sacude.
En el arrumaco que nos aquieta.

Te nos llegas, sorprendente.
Desbordas nuestra espera con palabras nuevas,
con respuesta eterna y estás muy dentro y muy fuera.
Vienes volviéndolo todo del revés.
Puerta imprevista a un cielo de pobres y pequeños,
a hombro en el que se recuestan los heridos,
los culpables, los enfermos.

Ya Señor,
Dios con nosotros,
Dios nuestro...



transcripción de aquí: http://www.rezandovoy.org/

viernes, 2 de diciembre de 2011

Tiempo de Adviento


Tiempo de Adviento,
Tiempo de espera.
Dios que se acerca,
Dios que ya llega.
Esperanza del pueblo,
la vida nueva.
El Reino nace,
don y tarea.
Te cantamos Padre bueno
a la esperanza.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Adviento... esperando la venida del Señor. Semana 4

"Está con nosotros"

"¡Mirad! Dios con nosotros..." (Mt 1, 18 - 24)



Antes de que nazca Jesús en Belén, Mateo declara que llevará el nombre de «Emmanuel», que significa «Dios-con-nosotros». Su indicación no deja de ser sorprendente, pues no es el nombre con que Jesús fue conocido, y el evangelista lo sabe muy bien.

En realidad, Mateo está ofreciendo a sus lectores la clave para acercarnos al relato que nos va a ofrecer de Jesús, viendo en su persona, en sus gestos, en su mensaje y en su vida entera el misterio de Dios compartiendo nuestra vida. Esta fe anima y sostiene a quienes seguimos a Jesús.

Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Está con los que lo invocan y con los que lo ignoran, pues habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición.

Dios está con nosotros. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Su presencia humilde y discreta, cercana e íntima, nos puede pasar inadvertida. Si no ahondamos en nuestro corazón, nos parecerá que caminamos solos por la vida.

Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.

Dios está con nosotros. Cuando nadie nos comprende, él nos acoge. En momentos de dolor y depresión, nos consuela. En la debilidad y la impotencia nos sostiene. Siempre nos está invitando a amar la vida, a cuidarla y hacerla siempre mejor.

Dios está con nosotros. Está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y en los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Y en todos está llamándonos a construir una vida más justa y fraterna, más digna para todos, empezando por los últimos.

Dios está con nosotros. Despierta nuestra responsabilidad y pone en pie nuestra dignidad. Fortalece nuestro espíritu para no terminar esclavos de cualquier ídolo. Está con nosotros salvando lo que nosotros podemos echar a perder.

Dios está con nosotros. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final. También entonces estará abrazando a cada hijo o hija, rescatándonos para la vida eterna.

Dios está con nosotros. Esto es lo que celebramos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.

(ECLESALIA, 15/12/10)


lunes, 13 de diciembre de 2010

Adviento... esperando la venida del Señor. Semana 3

¿ERAS TÚ QUIEN VENIA? (MT.11,2-11)

“¿Eras tú, por ventura, aquel que iba a venir? ¿Aquel que yo anunciaba al viento y a las nubes y a todo el que acudía a mi desierto a oírme?

¿Aquel Rey Justiciero capaz de poner orden en este perro mundo: derribando a los fuertes, ignorando a los sabios, despojando a los ricos?

¿Aquel Señor Mesías que cantaba Isaías, cuando hablaba de un Dios que traería el desquite, poniendo – como quedan al volver la tortilla- arriba los de abajo, los de encima, debajo?



Jesús de Nazaret, por ti aposté mi vida: creí cuando bajaste a la orilla del río que tú eras mi Mesías... y hoy me siento frustrado.

No me importa mi muerte que hoy presiento cercana pero, dime, ¡al oído! ¿tardarás mucho tiempo en cambiar de estrategia y enseñarles tus garras? O, tal vez... ¡Jesús, no me defraudes! ¿me equivoqué contigo y extravié mi vida?

Juan, Juan: yo bien quisiera puesta mi mano en tu hombro y mi boca en tu oreja desgranarte mis planes... Pero habrás de apañarte con lo que otros te cuenten para dar tú el gran salto de creer que te quiero”

"Daos cuenta del momento en que vivís" (Rm.13,11)

lunes, 6 de diciembre de 2010

Adviento... esperando la venida del Señor. Semana 2

"Voz que clama en el desierto..." (Mt 3, 1-12)



Ante la nueva situación, dentro y fuera de la Iglesia, nuestra conversión tendremos que implorarla al Espíritu y trabajarla entre todos.

Necesitamos otra manera de creer, de estar en el mundo como creyentes, de luchar por la justicia desde el Evangelio.

Cayeron entre nosotros las estructuras basadas en el poder y las mentalidades basadas en la ignorancia de Dios y del Evangelio que siguen siendo un fuerte bastión contra el que hemos de posicionarnos con valor.

Como el de Jesús, nuestro cambio se alimentará del estudio, la plegaria y el compromiso con los pobres. Ellos, eco profético del grito de Juan, nos ayudan a despojarnos de las torpes riquezas y de las falsas seguridades.

Ellos, los pobres, reflejan el rostro del Padre, triste y airado por el dolor de sus hijos. Mirándolos, recibiremos luz y energía para cambiar.

Cada paso hacia la justicia y la misericordia nos acercará a la paz.

El cambio es exigido por fidelidad al Evangelio y para hacer creíble nuestro mensaje. También para remover obstáculos en el seguimiento de Jesús.

Todo cambio cuesta porque supone ruptura, pero también libera y hace crecer. El cambio siempre será posible a condición de estar motivado. Los cambios rejuvenecen.

Nuestros motivos están en el Evangelio y en los pobres, nuestros hermanos heridos.

De nuestra conversión a los pobres brotará la oración, estimulada por la impotencia. De la oración surgirá otra mística, la de los profetas. El místico se acerca a Dios y lo trasluce. Su testimonio irradia conversión y esperanza. El profeta siente a Dios dentro y lo acerca a los hombres; por él los pobres reciben amor, dignidad y justicia.


"... preparen el camino al Señor, escuchen la Palabra de Dios ..."

lunes, 29 de noviembre de 2010

Adviento... esperando la venida del Señor. Semana 1

"Estad en Vela..." (Mt 24, 27-44)

Te esperan los maltratados, los hambrientos y olvidados,
te esperan los explotados por patrones empachados.
Te esperan los que no tienen ni prestigio, ni respeto,
te esperan los indefensos, los que mil veces han muerto.





El Adviento nos prepara la venida del Señor, más allá de su venida. Son los tiempos mesiánicos, siempre presentes y siempre soñados; tiempos vividos en la experiencia de la historia de la salvación, y tiempos que cada día están alcanzando nuestra vida.

Son sueños realizados y realidades que adelantan los sueños. Es el paraíso perdido y el paraíso vivido en momentos y personas, y el paraíso escatológico como recapitulación de todas las cosas.
Nos persigue siempre la idea del profeta ‘soñador’ de tiempos mejores, pero futuros; y olvidamos que el profeta es sobre todo ‘vidente’: no hace sino leer a la luz de su fe, lo que le rodea; conoce a las personas, descubre bajo el manto de la política, la economía, las relaciones sociales, lo que de gracia y pecado se esconde o aflora.

Los profetas, siempre a contra-pié. Levantan el ánimo, cuando todos caen y abajan las falsas expectativas cuando el pueblo se enajena de realidad. Y son capaces, los profetas, en un caso y otro, de percibir esos caminos del Señor siempre abiertos a la esperanza. Qué bien lo definió Juan XXIII, ‘sabían ver los signos de los tiempos'.

Hoy sucede lo mismo: tenemos que escuchar la voz de quienes saben comprender y denunciar la falsedad de una sociedad saciada, violenta, agresiva, distanciada de los pobres...


"En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre."