viernes, 24 de diciembre de 2021

¡Que venga tu Reino!


Esto no es una petición. Es una aspiración, un deseo intenso y un compromiso. “Venga tu Reino” es abrir la puerta y el corazón para que pase.

Es un clamor de insatisfacción y de inconformismo porque este mundo así no nos gusta y queremos otro. Este mundo donde “reina” el egoísmo, el materialismo, la avaricia, la sumisión y la indiferencia. Queremos un mundo donde “reine” el amor, la paz, la justicia, la solidaridad…

 “Venga tu Reino es la aspiración utópica de otro mundo posible y necesario.

Jesús nos advierte: “No sois de este mundo. Si fuerais suyos el mundo os amaría; pero como no sois suyos, por eso el mundo os odia como me odió a mí. Pero no temáis, yo he vencido al mundo”. “Venga tu Reino» es que este mundo injusto cambie en la línea que Jesús quería. Sólo el amor puede cambiar el mundo.

“Venga tu Reino” a las víctimas de este mundo injusto que oprime, descarta y mata. “Venga tu Reino” es que haya vida digna y generosa para todas las personas.

“Venga tu Reino” es creer en la energía de la pequeñez: la semilla, la luz, la sal, la levadura… La gente pequeña haciendo cosas pequeñas que puede cambiar el mundo.

“Venga tu Reino” es el reconocimiento humilde de que es un don más que una conquista. Que es más iniciativa tuya que nuestra, más “fuerza” tuya que nuestra. Don que ya está dado, que está sembrado en nuestros corazones y en el mundo y que crece por la vitalidad de su semilla. Requiere nuestra colaboración de aceptarlo y cuidarlo (o lo podemos entorpecer), pero ya está sembrado. Y es Dios quien lo hace crecer.

“Venga tu Reino” es una invitación a que lo vivamos, que vivamos las Bienaventuranzas, que “donde haya odio ponga yo amor”.

Jesús nos dice que el Reino está cerca. Tan cerca que está dentro de nosotros. “Venga tu Reino” es abrirnos a él, dejarnos transformar por él.

 ¡Que venga tu Reino!

sábado, 9 de octubre de 2021

Pedid y se os dará

Pedid paz y se os dará ternura.
Pedid amor y se os darán nombres.
Pedid misión y se os dará un camino.
Pedid encuentro y se os darán palabras.
Pedid escuela y se os dará un Maestro.
Pedid justicia y se os darán causas.
Pedid verdad y se os darán preguntas.
Pedid poder y se os dará una toalla y un lebrillo.
Pedid descanso y se os dará un amigo.
Pedid valor y se os dará una cruz.
Pedid pasión y se os darán tormentas.
Pedid alegría y se os dará bienaventuranza.
Pedid sabiduría y se os dará memoria.
Pedid fuerza y se os dará esperanza.
Pedid libertad y se os dará Resurrección.

(José María Rodríguez Olaizola)

sábado, 22 de mayo de 2021

Luz


No nos llamas

a iluminar las sombras

con frágiles velas

protegidas de los vientos

con la palma de la mano,

ni a ser puros espejos

que reflejan luces ajenas,

cotizadas estrellas

dependientes de otros soles,

que como amos de la noche

hacen brillar las superficies

con reflejos pasajeros

a su antojo.


Tú nos ofreces

ser luz desde dentro, (Mt 5, 14)

cuerpos encendidos

con tu fuego inextinguible

en la médula del hueso, (Jr 20, 9)

zarzas ardientes

en las soledades del desierto

que buscan el futuro, (Ex 3,2)

rescoldo de hogar

que congrega a los amigos

compartiendo pan y peces, (Jn 21, 9)

o relámpago profético

que raje la noche

tan dueña de la muerte.


Tú nos ofreces

ser luz del pueblo, (Is 42, 6)

hogueras de Pentecostés

en la persistente combustión

de nuestros días

encendidos por tu Espíritu,

ser lumbre en ti,

que eres la luz,

fundido inseparablemente

nuestro fuego con tu fuego...


(Benjamn G. Buelta, sj)

sábado, 19 de diciembre de 2020

Niña del sí (fragmentos)



Todo estaba pendiente de tu boca.

Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso…
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor…
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
[…]
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria…
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos…!
[…]
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.












(Pedro Casaldáliga)

sábado, 30 de mayo de 2020

Ven espíritu Santo Creador



Ven Espíritu Santo Creador,
Ahora, hoy.
Quédate con nosotros, danos tu inteligencia
y llena de bondad nuestros corazones.
Tu nombre es: consuelo, inspiración, vida, gracia.
Tú eres novedad, creación, fuerza.
Ven espíritu Santo, para que tu Luz
ilumine nuestro discurrir
y fortalezca nuestras decisiones.
Eres el que ha hecho todas las cosas buenas,
–el que preside nuestro discernimiento
y señala el camino de nuestras opciones–
Tu nombre es unidad, esperanza y amor.
Aléjanos del mal, del egoísmo, de la injusticia,
de la intolerancia y de la dispersión.
Danos tu paz, tu bendición, tu consuelo,
tu serenidad y tu sabiduría;
para que transformemos nuestro presente,
en la voluntad del Padre que está en los cielos.

(Pedro Casaldáliga)

domingo, 12 de abril de 2020

Ojos de Pascua

Está amaneciendo cuando María Magdalena llega al sepulcro donde reposaba el cuerpo del maestro, del amigo.
Reposaba en su corazón el cuerpo amado, como semilla viva de resurrección.
Sepulcro abierto al amanecer. Sepulcro vacío.
Amanece esta Pascua 2020, amanece sobre nuestra historia personal y sobre la humanidad herida.
Se lame las heridas esta humanidad, no solo aquellas dejadas por el virus, también las heridas que siguen supurando: violencia, guerras, pobreza, odio, fanatismo, discriminación.
Amanece la Pascua sobre estas heridas y desde estas heridas.
Amanece y el sepulcro está vacío.
Nunca hubo nadie en el sepulcro y siempre estuvo abierto.
El cuerpo del Cristo, semilla de resurrección, fecundó la tierra con la sangre de la cruz y de nuestras heridas.
La Pascua aconteció desde dentro de la cruz, no después.
Nunca hay un después para el Amor. Siempre es, aquí y ahora.
Amanece la Pascua desde el otro lado de la cruz.
Nuestras heridas no son impedimento a la Vida: ¡al contrario!
Son el vacío por el cual la Pascua se cuela y los sepulcros se abren. Son rendijas por donde la luz fluye serena y siembra resurrección.
Es Pascua, y el Amor amanece sobre nuestras existencias personales, sobre la humanidad entera y la madre tierra.
Siempre el Amor está amaneciendo y siempre encuentra los sepulcros abiertos.
Si encontramos sepulcros cerrados es porque no estamos amando y hemos arrinconado al Amor en un lugar oscuro de nuestro corazón.
La Pascua es tremendamente viva y actual con su único y eterno mensaje: solo el Amor es real.
Es ahora el momento oportuno y siempre fue ahora.
Es el momento de amanecer sobre la humanidad herida con la linterna del Amor y mirar así.
Pascua es mirar con los ojos amanecidos del Amor.
Ojos frescos y nuevos.
Tú que me lees: ¡mírate así y así, ama tus heridas y las de tus hermanos!
Mirar a la gente y a las cosas con estos ojos.
No tenemos que esperar un mundo nuevo, ilusión de los ciegos que se escapan del presente y huyen de la Vida.
¡No hay esperanza futura que no tenga raíz en el presente!
El mundo nuevo ya está y late en el fondo de tu mirada que amanece en el Amor.
Palpita el mundo nuevo en las profundidades, donde solo ojos de Pascua alcanzan a ver.
Amanecen ojos de Pascua que transforman las heridas en perlas y la sangre en fértil abono, a punto de florecer.
Esta es Pascua: otros ojos que solo ven sepulcros abiertos y manos extendidas.
Otros ojos que descubren posibilidades y senderos de bellezas.
Ojos amaneciendo en el Amor, ojos del Cristo vivo y viviente, que todo lo llena.
Ojos desparramando por doquier la paz que nos habita.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

fuente: Eclesalia

viernes, 10 de abril de 2020

Silencio


Silencio.
Hoy hacemos silencio.
Todo el día para estar en silencio.
Silencio.
Después del dolor.
No queda más que el silencio.
Silencio.
Por quien se fue.
Nada hay que llene su silencio.
Silencio.
Poco más sé hacer.
Solo puedo esperar en silencio.
Silencio.
Sentir la esperanza.
Esperar a que pase el silencio.
Silencio.
Está por pasar.
Que la Pascua dé sentido al silencio.

jueves, 9 de abril de 2020

Servidor de todos

Se te ha dicho:
Rodéate de triunfadores.
Para que tu vida sea un éxito,
sírvete de todos.
Retén en tu memoria
el nombre del rico,
y apunta el teléfono
del rostro femenino
que sonríe en el concurso.
Tapiza las paredes de tu casa
con firmas de pintores
de prestigio y de dinero.
Llena tu boca
con los nombres
que ocupan el escenario
de la gloria resbaladiza.
Hazte vecino, compadre
de su club y su partido.
Que todas estas famas
te presten su prestigio.

Pero la Palabra dice:
Sienta a tu mesa
a los que no pueden
invitarte a su casa,
arrastrada por el río,
y presta sin arrugar la cara
al que no puede devolverte
tu dinero el día de pago,
porque las horas extra
se perdieron en la computadora
de la zona franca.
Habrán encontrado en ti
la respuesta de Dios
a su angustia cotidiana.
Y tú sentirás atravesar
algo de Dios pasando
por el centro de ti mismo
para llegar hasta el hermano.
Al romper, con ese gesto
de gratuita cercanía,
las leyes y cátedras
de la inversión
bien calculada,
un manantial de eternidad
te llegará desde el caído,
brotará entre tus piedras
y hará de ti un servidor de todos,
lleno de gracia y de sabor.

(Benjamín G. Buelta, sj)

domingo, 29 de septiembre de 2019

Los Lázaros

Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...

Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos...

Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.

Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.

sábado, 23 de marzo de 2019

Lo más importante


Lo más importante no es
que yo te busque,
sino que tú me buscas en todos los caminos [Gen 3, 9];
que yo te llame por tu nombre,
sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos [Is 49, 16];
que yo te grite cuando no tengo ni palabra,
sino que tú gimes en mí con tu grito [Rom 8, 26];
que yo tenga proyectos para ti,
sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro [Mc 1, 17];
que yo te comprenda,
sino que tú me comprendes en mi último secreto [1Cor 13, 12];
que yo hable de ti con sabiduría,
sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera [2Cor 4, 10];
que yo te guarde en mi caja de seguridad,
sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano [EE 335];
que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas,
sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas [1Jn 13, 1];
que yo trate de animarme, de planificar,
sino que tu fuego arde dentro de mis huesos [Jer 20, 9].
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte...
si tú no me buscas, llamas y amas primero?
El silencio agradecido es mi última palabra.
Y mi mejor manera de encontrarte.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Lo que tu querias

Querías conocer de cerca al hombre,
querías conocerlo desde dentro,
querías tener de sus pasiones experiencia,
a qué saben las lágrimas, los besos.

Por eso te entrañaste.
Te encarnaste, te hiciste uno de tantos, de los nuestros.

Fue un amor sin límites, amor inmenso.
Venías desarmado, empobrecido,
solidario con los pobres y pequeños.

Venías a servir, no a ser servido,
traías pan abundante, pan de vida,
porque había muchos hambrientos.

Te hiciste pobre para hacernos ricos,
para darnos salud, te hiciste enfermo.

Hombre eres del Amor y de la Gracia.
Venid a mí, decías, no temas. Yo estoy contigo.



rezandovoy.org

domingo, 21 de octubre de 2018

Que Sea



Señor, que yo sea
el primero en servir…
el primero en perdonar…
el primero en acoger.

Señor, que yo sea
el último en cruzarme de brazos ante la necesidad…
el último en juzgar y crear envidias…
el último en rechazar y cerrarme al hermano.
Dame un corazón servidor.
Que no olvide nunca que tú te inclinaste
para lavar los pies a tus amigos.
Haz de mi vida una vida de entrega y servicio…
porque, quien no vive para servir
no sirve para vivir.

(Fermín J. Negre)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Equívocos

Lo llamábamos justicia,
pero era tan solo ley,
pues había olvidado
la dignidad humana.

Lo llamábamos fe,
cuando en realidad era una batalla,
pero valía la pena lucharla.

Lo llamábamos compasión,
y era tan solo un acto reflejo,
como parpadear por un golpe de viento.

Lo llamábamos amor,
pero si no nos quitaba el sueño
ni nos prendía en llamas,
¿no era apenas una sombra?

Lo llamábamos duda,
pero era el mismo Dios
desmontándonos las certidumbres.

Lo llamábamos amistad
y lo era. Con todas las zozobras
y todas las alegrías
que la amistad conlleva.

Lo llamábamos prudencia,
y quizás lo fuera,
pero era también mediocridad.

Lo llamábamos hondura.
Pero no era más que frivolidad
disfrazada de trascendencia.

Lo llamábamos rebeldía,
pero era solo ruido,
mientras nos acostumbrábamos
a bailar sin música.

Lo llamábamos crítica,
pero era miedo
a lo desconocido.

Lo llamábamos muerte,
y nos asustaba su contundencia
pero era solo el tiempo abriendo puertas.

Lo llamábamos soledad,
pero solo era frío.
La memoria confundía el calor y los abrazos.

Lo llamábamos esperanza.
Y lo era, porque Tú
aún podías transformarlo todo.
José María R. Olaizola, sj

domingo, 12 de agosto de 2018

Ciudadanos del Reino

Hacen falta ciudadanos del Reino, que trabajen por la justicia, por la paz, por el amor.
Que se nieguen a sucumbir al desaliento o al odio.
Que rechacen sembrar discordia.
Que no miren constantemente por encima del hombro.
Que eviten estar lanzando condenas y anatemas a los otros.
Que respeten a quien no piensa como ellos.
Ciudadanos que construyan la paz, no sobre la sangre ajena, sino sobre la dignidad de cada vida.
Que busquen el bien.
Ciudadanos que sueñen con una ciudad mejor, con una iglesia mejor, con una vida mejor, para todos.
Portadores de una buena noticia, que a veces habrá de ser palabra amiga, otras, profecía exigente, y otras veces será silencio respetuoso.
Que se nieguen a entrar en la dinámica de destruir.
Trigo. Trigo que no se deje devorar por la cizaña.
Hacen falta cantores de concordia y justicia, de evangelio y verdad, de esperanza y encuentro.
Haces falta tú…


miércoles, 25 de julio de 2018

Para ser tu mensajero


Ilumina mi sombra para llevar tu luz.
Ilumina mi sonrisa para abrazar tus resurrecciones.
Ilumina mi impotencia para fortalecerme en tu amor.
Ilumina mi andar para crecer en la entrega.
Ilumina mis palabras para no tener miedo a tus silencios.
Ilumina mis lágrimas para seguir sembrando.
Ilumina mis errores para aprender de ti.
Ilumina mi oración para no ser sordo a tu llamado.
Ilumina mi latir para no perder el ritmo del Reino.
Ilumina mis necesidades para animarme a vivir más allá de ellas.
Ilumina mi amor para que sea incondicional
y hasta el extremo como el tuyo.
Ilumina mi soñar para despertar contigo. Ilumina mi música para cantar con los demás.
Ilumina mis heridas para regarlas desde el manantial.
Ilumina mi carisma para que sea plenitud de vida.
Ilumina mi cercanía para construir a la vez distancias y puentes.
Ilumina mi Eucaristía para hacerlo en memoria tuya.
Ilumina mi paz para ser tu mensajero.


 
 (Marcos Alemán, sj)

martes, 3 de abril de 2018

Resucitó

En la tarde del viernes,
las instituciones del poder
exterminaron de la tierra
al justo vulnerable. 

En el cuerpo de Jesús
expresaron su deseo,
de reducir a polvo,
su carne y su memoria.

El espíritu de Jesús
ardió como una antorcha
de fracaso, de angustia,
y de abandono de Dios.

Y ante tanta injusticia
el Padre se calló,
con un silencio de hielo
que congeló la historia.

La mañana del domingo,
el Padre engendró la Palabra
que abrió toda realidad,
a la esperanza infinita.

El espíritu de Jesús
experimentó el abrazo,
que siempre estuvo a su lado
sin distancia ninguna.

El cuerpo resucitado
llevó hasta la eternidad
los golpes, las caricias,
y la tierra de los caminos.

Y en medio del poder
sorprendió una comunidad
de pobres y de excluidos
que fecunda todos los siglos. 

¿Quién podrá apartarnos?

¿Quién podrá apartarnos
de «la vida verdadera»?

¿Será mi ambigüedad
que quiere gobernarme
desde las hambres oscuras
de mi yo clandestino?

¿Será el quebranto
que rompe de repente
mi salud y mi proyecto
contagiando incertidumbre?

¿Será la seducción
que brilla como ángel
en el Olimpo estelar
de los famosos?

¿Será el rumor
que sentencia y descalifica
la audacia del amor
liberado de las modas?

¿Será el poder
que no ha previsto en sus leyes
la novedad de Dios
que sorprende los programas?

¡Nada nos apartará
del Amor que se regala! [Rom 8, 35]

Benjamín González Buelta

viernes, 23 de marzo de 2018

¡Ay!

¡Ay de mí si no respiro,
si no me alimento,
si no quiero con locura!
Si no vibro
con el júbilo del hermano.
¡Ay de mí
si no tiemblo ante su dolor.
Si no abro los oídos
para dejarme transformar
por tu palabra,
y no abro la boca
para gritar
una pregunta de fe;
un veredicto de amistad;
una promesa de curación;
una canción de justicia.
¡Ay de mí si no abro las manos,
liberadas al fin de piedras
y cadenas,
para dar, en ellas,
calor, afecto y abrazo.

¡Ay de mí
no por miedo
o por amenaza,
sino porque, no amando
a tu manera,
no habré vivido!

Mas si, en mi debilidad,
te dejo ser atalaya,
no habrá lamento,
derrota ni queja,
habrá esperanza.


José María R. Olaizola

viernes, 16 de marzo de 2018

Enséñame Señor a ayunar

Enséñame, Señor, a ayunar 
de palabras hirientes 
y de silencios nacidos del miedo,
de comodidades y tanta vida de sofá,
de envidias y rencores, de soberbias y orgullos,
de injusticias y prácticas religiosas que me adormecen y no me transforman.

Enséñame a ayunar de lo mío 
para poder llamarlo nuestro.
Que mi ayuno nazca de adentro 
y no busque la apariencia, el llamar la atención, 
el aplauso a mi pretendida bondad.

Haz que ayune, Señor, 
para que crezca en mí el hambre de tu reino, 
el hambre de tu palabra, 
el hambre de ser uno con todos, 
el hambre que se haga alimento del mundo.


(Fermín Negre)

martes, 13 de marzo de 2018

Me llamas a convertirme


Me llamas a convertirme
en agua para el sediento,
en risa para quien llora,
en tiempo del que está solo.
Me pides que me transforme
en brisa para el cansado,
en techo para quien vaga,
en cura para el enfermo.
Me dices: «Sé luz para el ciego,
y palabra para el mudo,
sé las piernas del herido
que no puede sostenerse».
Me llamas a convertirme, Señor,
Y aquí estoy. Débil, 
con toda mi pobreza, 
sin saber bien cómo responder,
por dónde empezar 
o qué pasos dar.
Pero aquí estoy, Señor.
Y tú me llamas a convertirme

José María R. Olaizola