jueves, 9 de abril de 2020

Servidor de todos

Se te ha dicho:
Rodéate de triunfadores.
Para que tu vida sea un éxito,
sírvete de todos.
Retén en tu memoria
el nombre del rico,
y apunta el teléfono
del rostro femenino
que sonríe en el concurso.
Tapiza las paredes de tu casa
con firmas de pintores
de prestigio y de dinero.
Llena tu boca
con los nombres
que ocupan el escenario
de la gloria resbaladiza.
Hazte vecino, compadre
de su club y su partido.
Que todas estas famas
te presten su prestigio.

Pero la Palabra dice:
Sienta a tu mesa
a los que no pueden
invitarte a su casa,
arrastrada por el río,
y presta sin arrugar la cara
al que no puede devolverte
tu dinero el día de pago,
porque las horas extra
se perdieron en la computadora
de la zona franca.
Habrán encontrado en ti
la respuesta de Dios
a su angustia cotidiana.
Y tú sentirás atravesar
algo de Dios pasando
por el centro de ti mismo
para llegar hasta el hermano.
Al romper, con ese gesto
de gratuita cercanía,
las leyes y cátedras
de la inversión
bien calculada,
un manantial de eternidad
te llegará desde el caído,
brotará entre tus piedras
y hará de ti un servidor de todos,
lleno de gracia y de sabor.

(Benjamín G. Buelta, sj)

domingo, 29 de septiembre de 2019

Los Lázaros

Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...

Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos...

Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.

Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.

sábado, 23 de marzo de 2019

Lo más importante


Lo más importante no es
que yo te busque,
sino que tú me buscas en todos los caminos [Gen 3, 9];
que yo te llame por tu nombre,
sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos [Is 49, 16];
que yo te grite cuando no tengo ni palabra,
sino que tú gimes en mí con tu grito [Rom 8, 26];
que yo tenga proyectos para ti,
sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro [Mc 1, 17];
que yo te comprenda,
sino que tú me comprendes en mi último secreto [1Cor 13, 12];
que yo hable de ti con sabiduría,
sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera [2Cor 4, 10];
que yo te guarde en mi caja de seguridad,
sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano [EE 335];
que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas,
sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas [1Jn 13, 1];
que yo trate de animarme, de planificar,
sino que tu fuego arde dentro de mis huesos [Jer 20, 9].
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte...
si tú no me buscas, llamas y amas primero?
El silencio agradecido es mi última palabra.
Y mi mejor manera de encontrarte.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Lo que tu querias

Querías conocer de cerca al hombre,
querías conocerlo desde dentro,
querías tener de sus pasiones experiencia,
a qué saben las lágrimas, los besos.

Por eso te entrañaste.
Te encarnaste, te hiciste uno de tantos, de los nuestros.

Fue un amor sin límites, amor inmenso.
Venías desarmado, empobrecido,
solidario con los pobres y pequeños.

Venías a servir, no a ser servido,
traías pan abundante, pan de vida,
porque había muchos hambrientos.

Te hiciste pobre para hacernos ricos,
para darnos salud, te hiciste enfermo.

Hombre eres del Amor y de la Gracia.
Venid a mí, decías, no temas. Yo estoy contigo.



rezandovoy.org

domingo, 21 de octubre de 2018

Que Sea



Señor, que yo sea
el primero en servir…
el primero en perdonar…
el primero en acoger.

Señor, que yo sea
el último en cruzarme de brazos ante la necesidad…
el último en juzgar y crear envidias…
el último en rechazar y cerrarme al hermano.
Dame un corazón servidor.
Que no olvide nunca que tú te inclinaste
para lavar los pies a tus amigos.
Haz de mi vida una vida de entrega y servicio…
porque, quien no vive para servir
no sirve para vivir.

(Fermín J. Negre)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Equívocos

Lo llamábamos justicia,
pero era tan solo ley,
pues había olvidado
la dignidad humana.

Lo llamábamos fe,
cuando en realidad era una batalla,
pero valía la pena lucharla.

Lo llamábamos compasión,
y era tan solo un acto reflejo,
como parpadear por un golpe de viento.

Lo llamábamos amor,
pero si no nos quitaba el sueño
ni nos prendía en llamas,
¿no era apenas una sombra?

Lo llamábamos duda,
pero era el mismo Dios
desmontándonos las certidumbres.

Lo llamábamos amistad
y lo era. Con todas las zozobras
y todas las alegrías
que la amistad conlleva.

Lo llamábamos prudencia,
y quizás lo fuera,
pero era también mediocridad.

Lo llamábamos hondura.
Pero no era más que frivolidad
disfrazada de trascendencia.

Lo llamábamos rebeldía,
pero era solo ruido,
mientras nos acostumbrábamos
a bailar sin música.

Lo llamábamos crítica,
pero era miedo
a lo desconocido.

Lo llamábamos muerte,
y nos asustaba su contundencia
pero era solo el tiempo abriendo puertas.

Lo llamábamos soledad,
pero solo era frío.
La memoria confundía el calor y los abrazos.

Lo llamábamos esperanza.
Y lo era, porque Tú
aún podías transformarlo todo.
José María R. Olaizola, sj

domingo, 12 de agosto de 2018

Ciudadanos del Reino

Hacen falta ciudadanos del Reino, que trabajen por la justicia, por la paz, por el amor.
Que se nieguen a sucumbir al desaliento o al odio.
Que rechacen sembrar discordia.
Que no miren constantemente por encima del hombro.
Que eviten estar lanzando condenas y anatemas a los otros.
Que respeten a quien no piensa como ellos.
Ciudadanos que construyan la paz, no sobre la sangre ajena, sino sobre la dignidad de cada vida.
Que busquen el bien.
Ciudadanos que sueñen con una ciudad mejor, con una iglesia mejor, con una vida mejor, para todos.
Portadores de una buena noticia, que a veces habrá de ser palabra amiga, otras, profecía exigente, y otras veces será silencio respetuoso.
Que se nieguen a entrar en la dinámica de destruir.
Trigo. Trigo que no se deje devorar por la cizaña.
Hacen falta cantores de concordia y justicia, de evangelio y verdad, de esperanza y encuentro.
Haces falta tú…