jueves, 17 de septiembre de 2015

Ven a invitarnos, Señor

Si estuviéramos contentos de ti, Señor,
no podríamos resistir a esa necesidad de danzar que desborda el mundo
y llegaríamos a adivinar qué danza es la que te gusta hacernos danzar,
siguiendo los pasos de tu Providencia.

Porque pienso que debes estar cansado
de gente que hable siempre de servirte con aire de capitanes;
de conocerte con ínfulas de profesor;
de alcanzarte a través de reglas de deporte;
de amarte como se ama un viejo matrimonio.

Y un día que deseabas otra cosa
inventaste a san Francisco
e hiciste de él tu juglar.
Y a nosotros nos corresponde dejarnos inventar
para ser gente alegre que dance su vida contigo.

Pero olvidamos la música de tu Espíritu
y hacemos de nuestra vida un ejercicio de gimnasia;
olvidamos que en tus brazos se danza,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía ni aburrimiento
más que para las viejas almas
que hacen de inmóvil fondo
en el alegre baile de tu amor.

Enséñanos a vestirnos cada día con nuestra condición humana
como un vestido de baile, que nos hará amar de ti todo detalle
como indispensable joya.

Haznos vivir nuestra vida,
no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula,
no como un partido en el que todo es difícil,
no como un teorema que nos rompe la cabeza,
sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo,
como un baile, como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor.

Señor, ven a invitarnos.

Madeleine Delbrel


sábado, 30 de mayo de 2015

Oracion para aprender a amar

Señor,  cuando  tenga  hambre, dame  alguien  que  necesite  comida;
cuando  sufra, dame  alguien  que  necesita  consuelo;
cuando  mi  cruz  parezca  pesada, déjame  compartir  la  cruz  del  otro;
cuando  me vea pobre, pon  a  mi lado  algún  necesitado.


Cuando  no  tenga  tiempo, dame  alguien  que  precise  de  mis  minutos;
cuando  quiera  que  los  otros  me  comprendan, dame  alguien  que  necesite  de  mi  comprensión;
cuando  sienta  necesidad  de  que  cuiden  de  mí, dame  alguien  a  quien  pueda  atender.


Dales,  a  través  de  nuestras  manos,  no  sólo  el  pan  de  cada  día, también  nuestro  amor  misericordioso,  imagen  del  tuyo.


Teresa de Calcuta

miércoles, 20 de mayo de 2015

Al Espíritu Santo



Empújanos con tu fuerza,
dinamízanos con tu viento,
danos tu sabiduría,
despiértanos con tu música,
muévenos con tu energía,
fraternízanos con tu amor,
tu puedes hacernos bailar con tu melodía


fuente: https://eclesalia.wordpress.com/2015/05/20/al-espiritu-santo/

martes, 20 de enero de 2015

¿Por que no yo?

¿Quién regará las posibilidades,
si se seca la imaginación?
¿Quién anunciará el baile
si perdemos las ganas de vivir?
¿Quién tocará la música
que nadie compone?
¿Cuándo habrá tiempo
para el amor verdadero?
¿Dónde habitará la justicia,
si en nuestra tierra campa la fuerza?
¿Cómo escuchar
a un Dios silenciado?
¿Quién reavivará
tanta compasión adormecida?
¿Cuándo saldremos
de la celda?

La puerta está abierta.
Es hora de que los soñadores
silencien a los falsos profetas.
Hay que volver a danzar,
trenzando a nuestro paso
guirnaldas de verdad desnuda.
Que el cantor se quite la mordaza
y la prudencia,
que ha de encontrar la forma
de gritar la buena noticia
a todos
a cada uno.

Es la hora del buen pastor.
Es tu hora.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Sol que naces de lo alto

Sol que naces de lo alto
sin querer quedarte arriba.
Luz que brillas en el cielo
para hacer crecer la vida.


Vuelve a nuestro mundo soñoliento
la paz que le es robada sin saberlo
la sed del que marcha hacia una meta
y el hambre insaciable  de querer ser más pequeños.


Danos tu amor
ingente y encendido
para deshacer el hielo del olvido
y la ceguera que reinan lejos del pesebre.


Y empezar así, como recién nacidos,
a aprenderlo todo, todo de nuevo:
las palabras, los silencios,
los deseos y los miedos de la gente.


Villancicos que traéis su fiel recuerdo,
estrellas que alumbráis en la noche su presencia,
enseñadnos el surco profundo y extenso
en que la vida de Dios se va forjando libremente:
más humana, más cercana, más fraterna.


Y despertad en nosotros el deseo apasionado 
de acogerla entre los brazos,
de glosar sus balbuceos,
de alimentar en su mirada
nuestros más endebles sueños.



Seve Lázaro, sj 


miércoles, 12 de noviembre de 2014

El placer de servir

Toda la naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.

Sé el que apartó la piedra del camino,
el odio entre los corazones
y las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y la de ser justo;
pero hay, sobre todo, la hermosa, la tan inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender!

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles.
¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito
con los grandes trabajos;
hay pequeños servicios que son buenos servicios:
adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.

Aquél es el que critica,
éste es el que destruye,
tú sé el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores.
Dios, que da el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamársele así: «El que sirve».
Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos
y nos pregunta cada día:
«¿Serviste hoy?
¿A quién?
¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?»

Gabriela Mistral

jueves, 25 de septiembre de 2014

Mi equipaje



Mi equipaje será ligero,
para poder avanzar rápido.
Tendré que dejar tras de mí la carga inútil:
las dudas que paralizan
y no me dejan moverme.
Los temores que me impiden
saltar al vacío contigo.
Las cosas que me encadenan y me aseguran.
Tendré que dejar tras de mí
el espejo de mí mismo,
el 'yo' como únicas gafas,
mi palabra ruidosa.

Y llevaré todo aquello que no pesa:
Muchos nombres con su historia,
mil rostros en el recuerdo,
la vida en el horizonte,
proyectos para el camino.
Valor si tú me lo das,
amor que cura y no exige.
Tú como guía y maestro,
y una oración que te haga presente:

«A ti, Señor, levanto mi alma, en ti confío,
no me dejes. Enséñame tu camino,
Mira mi esfuerzo. Perdona mis faltas.
Ilumina mi vida, porque espero en ti».

José Ma Rodríguez Olaizola, sj